ABBAS CHAFIK.  De regreso del cole hasta su casa, Abbas Chafik recorre cada día, guiado por su hermano Farid, cien callejuelas bulliciosas repletas de magos, diez países gobernados por dragones azules y mil veces la asombrosa cantinela del dos y dos son cuatro. © ABDALLAH ENNAJHI.  Tras media vida como profesor de l´École Supérieure de Commerce de Marrakech, Abdallah Ennajhi lo dejó todo para libertar sus pulsiones dramáticas, danzar hasta el trance y engatusar damas candorosas de talle magro y billetera rolliza.© ABDELHALIM SOUJDA.  Desde que una bocina perforante le despertó en su camastro del barracón cinco de la zona de obras de la refinería de Fos-sur-Mer en el sesenta y tres, Abdelhalim Soujda supo que prefería la estrechez de su Mellah a la servidumbre del exilio.© ABDELKADER OMARI.  Les ayudó tanto cuando se secaron los pozos del palmeral de la familia que Abdelkader Omari, en muestra de gratitud, se ha comprometido a trabajar en uno de los puestos de zumos del señor Laaboudi hasta que esa deuda quede saldada con honor.© ABDELKRIM BENRABIA.  Era la última vez que Abdelkrim Benrabia se lo advertía porque sabía que si Rachid seguía correspondiendo a los coqueteos de Aziza, la hija menor del jefe, no sólo él y el buen nombre de su familia saldrían muy mal parados sino toda la plantilla.© ABDELLAH EL KIHAL.  No hay un solo día en el que Abdellah El Kihal no se maldiga por el arrebato que le hizo abandonar la confortable granja familiar y por el estéril orgullo que ahora le encadena a la soledad, la escasez y el hostil bullicio de la Medina.© AICHA HINDI.  Lo primero que hizo Aicha Hindi cuando obtuvo su diplomatura en economía fue cruzar al vuelo la Medina al encuentro de sus padres para abrazarles y agradecer que, con su clarividencia, le ayudaran a desafiar las circunstancias y la tradición.© ACHOURA OUBARI.  Lo más lacerante para Achoura Oubari no es desganarse vendiendo bagatelas en la boca del Zoco sino saber que lo hace por su mala cabeza mientras sus amigas Nouma y Yazza, sobre todo Yazza, tontean hasta tarde con los chicos de la zona de Pachá.© ABDALLAHI NACIRI.  Desde que Brahim le contó que quería que se uniera al todavía oculto Parti de la Providence, Abdallahi Naciri, absorto, sin la algazara de siempre, sopesa y busca las consecuencias de un sí en el burbujeo de las frituras de su puesto de comida.© BOUCHRA NEMMAOUI.  Fue cuando sus rodillas fatigadas dijeron basta que Bouchra Nemmaoui tuvo que renunciar a seguir viviendo entre los olivares del señor El Harrak que mimaba desde niño para sobrevivir sin honra, travestido de aguador, interpelando excursionistas.©
ABDELALI DOUMOU.  Que sus madalenas son las mejores de la Medina no es discutible pero Abdelali Doumou sabe que sólo si logra que Marjane las acepte en sus estantes podrá saborear la gloria con la que tantas noches ha soñado en las fauces de su horno de leña.© FOUHAD CHAFIK.  Cada tarde, al crepúsculo, Fouhad Chafik cierra su diminuta librería, su refugio de letras, su costal de saberes y acude con su carro a la plaza para espesar su sopa vendiendo a los asiduos y algún ocasional las magdalenas de su hermano Abdelali.© ABDELLAH KASSAR.  Sus vecinos le ven pasar cada día de M´Hhamid al Zoco pero ninguno ha podido averiguar con certeza lo que Abdellah Kassar, el que creó aquella moto en roble que asombró a todos, fabrica ahora con tanto misterio en la trasera de su ebanistería.© ABDELKHALAK JANAAH.  Cuando su patrón monsieur Mirdas le ofreció un incentivo por encordar, mes tras mes, más fardos de pieles que ningún otro, en lo primero que pensó Abdelkhalak Janaah fue en una bicicleta nueva como las que veía por Gueliz los domingos.© MOULOUD MANSOURI.  Para alimentar e instruir a sus hijos con la dignidad que se exigen los proletarios, Mouloud Mansouri, cuando cierra su puesto de dulces en el corazón del Zoco, acude a supervisar los puestos de comida que su cuñado Omar posee en Jemaa el Fna.© MOURAD CHAABI.  La abrupta desaparición del padre exigió a Mourad Chaabi y sus hermanos hacerse cargo del codiciado puesto treinta y uno, segando de un tajo su sueño de convertir su granja en un elíseo para europeos con falta de aventura y sobras de caudal.© OMAR BRAHIMI.  Para el solitario Omar Brahimi, los días en el taller parecen eternos hasta la hora de ir a la plaza a ver bailar, sólo para él, como en sus sueños, a la hermosa Naima, la de la mirada perfumada y las finas manos que esbozan arabescos en el aire.© OUADIA RAFIK.  Al salir de la sede de l´Union Marocaine du Travail de Dar El Basha, Ouadia Rafik se pregunta cada día si ha contribuido al sueño de un salario mínimo honorable que su padre, el utópico y combativo Brahim, le ha dejado por toda herencia.© RAHAL MOUDIAN.  Suponiendo que su amigo Mehdi hubiese dado con la llave y el cofre y entregara el anillo a tiempo a la señora Zahidi, Rahal Moudian disponía de menos de una hora para cruzar la Medina, enfundarse el jabador y declararse a la hermosa Dounia.© HASSAN MOUKNI.  El primer domingo de cada mes, Hassan Moukni, el cantarero ciego de Derb Shaka se sienta de buena mañana en la delantera del taller y espera a que su pequeña Arwa llegue de Rabat para colmarla y presumir, mientras caminan Mellah arriba y abajo.©
AOUAD AKIAB.  Hasta que Jaouad Akiab junte los dírhams que le pide Chafiq por su C noventa remendada, es en la bicicleta de Hosni que ambos se dejan ver entre semana por el mercado de la muralla para que Sila y Ranya no se olviden de su cita de los domingos.© FAICAL BEN YAKOUB.  Todos en Dar El Basha saben que Faical Ben Yakoub conserva como alhajas unos pliegos del manifiesto de la independencia que su abuelo, el entonces guapo y exaltado Hamdi, redactó con otros seguidores del Sultán en el otoño del cuarenta y tres.© KAMAL IBRAHIMI.  Con el antifaz que le oculta cuando, para su exigua legión de fans, es K-Buz, Kamal Ibrahimi, el puñal que un día traspasará el hip hop árabe con sus letras feroces, evita esas burlas que malhieren a quien aún no ha logrado la nombradía.© AFIFA IKBAL.  Aún cuando reprocha con severidad a Fatine su rebeldía, Afifa Ikbal recuerda con una chispa de añoranza que le cuesta disimilar como ella, a sus mismos quince años, también pensaba que bastaba con su frescura para echarle un pulso a la tradición.© JENANE ZAHIDI.  Apenas oye el ronroneo de la motocicleta de Hassan cuando acude, cada día, para transportarla hasta las cocinas de Les Trois Mages, Jenane Zahidi sabe que comienza su media hora de evasión, de sueños, libre de pudores y al abrigo de fiscalías.© ABDELLAZIZ AFTATI.  El tráfico, las obras, la meteorología o la mecánica no son excusas, para Abdellaziz Aftati es esencial, antes de que la rue el Gza se angoste, acceder a la Medina delante del arrogante Hassan y su inseparable pasajero Mohamed, rey de los pelotas. © IBRAHIM ELAZOUZI.  Disfrutó tanto mientras aprendía a vivir y a reparar cachivaches con mecanismo junto a su tío Abdallah que, cuando este faltó, Ibrahim Elazouzi no dudó en ocupar su lugar en la calle para ser, como él, rey de acera antes que esclavo de factoría. © JAMAL BEKAOUI.  Al percibir el quejido opaco del duelo que envolvía toda la estancia, Jamal Bekaoui supo, antes de entrar, que no acabaría los estudios de arquitectura que su padre enarbolaba con orgullo ante todos como una victoria del tesón sobre la pobreza. © KHALID BOUMCHITA.  Apenas pasaron unas horas entre la llegada de la carta que Ibra el cartero identificó como de llamada a filas y la huida del joven Khalid Boumchita que prefirió la incertidumbre del fugitivo al rancho sin gloria del centinela en el desierto. © KARIM ABDELMOULA.  Apenas oyó que el señor Rachadi le aceptaba de aprendiz en su almacén, Karim Abdelmoula supo que, además de ayudar a su familia con algunas provisiones y un puñado de dírhams, conseguiría en unos meses calzar las mismas zapatillas que Youssef. ©
ABDELAZIZ OUAHBI.  Abdelaziz Ouahbi prefirió quedarse, resistir los agravios de la escasez en las calles convulsas de la Medina, antes que partir como Hassan y tantos otros al Paris sombrío, al Barbés de la nostalgia, de las miradas gélidas y las labores tórridas. © NADIRA LAYADI.  A la hora concertada, acabado el colegio y oídos mil veces los consejos de su abuela, Nadira Layadi espera con más calma que ninguno a que la lleven a la prueba final, esa que le dará acceso al conservatorio, a la fantasía, al milagro de la luz. © ZAINA IBRAHIMI.  ¿Quién sabe de sus anhelos, de los sueños que traza en el aire con su paleta cristalina, quién de su verbo preciso, de su ingenio alegre y contagioso, quién puede siquiera recordar la tez pulcra o la sonrisa hechizante de la bella Zaina Ibrahimi? © ALILA HAMOUNI.  Como no basta con su puesto de empleada en la residencia del Wali de Marrakech para el sustento de su familia, Alila Hamouni abandona el palacio a la carrera para enfundarse el ridículo traje de ayudante de cocina en el Grand Café de la Poste. © ASHNA MOUDIAN.  Si se esforzó tanto en dominar el arte de conversar en varios idiomas como en el de adornar con henna es porque Ashna Moudian siempre ha intuido que de las incontables manos que asirá acabará obteniendo más riquezas que unas simples monedas.  © MUSTAPHA BENOMAR.  Cuando amanece sobre la muralla, Mustapha Benomar y sus compañeros ya llevan horas apostados con la esperanza de que se perfile entre la polvareda el todoterreno de los hombres de Monsieur Kayouh para ofrecerles los cien Dírhams de un jornal. © TARIK EL BAHI.  Para saber siempre más que sus colegas, el todopoderoso patrón de los panaderos Tarik El Bahi aparca un día al mes el Lexus y la corbata, arma un puesto en cualquier plaza y calibra de primera mano el runrún de la calle y el júbilo de la caja. © YASSIR CHAKIR.  Para hacer más mullidas las brechas que median entre el vareo de la oliva, la recolecta de fresas y la vendimia, Yassir Chakir trapichea con chismes que proceden de todas partes y tabaco que, según el que se lo suministra, no viene de ninguna. © MOULOUD BEN YAHIA.  Si bien la era digital ha asomado por los estantes y a pesar de que no posee el título ni goza del cargo, todos saben que el reservado Mouloud Ben Yahia es el erudito y minucioso guardián de las joyas que moran en la biblioteca de Marrakech. © MOHAMED EL OUAFI.  Andado casi todo el camino, a Mohamed El Ouafi la vejez y su infalible camarada la muerte le parecen una luz cálida y acogedora, como la que rocía la salida de un túnel, no porque las fatigas fueron muchas sino porque las promesas fueron pocas. ©
ESSAID ADOURRAK. Al azar de los chaflanes, cuando menguan las tardes por las vías que circundan la muralla, asoma el solitario e inmutable Essaid Adourrak al que todos los niños, deslumbrados, tratan con respeto por si fuera, como dicen, el bondadoso Baba Aishour. ©