BELINDA GAVIRIA.  Bogotá se esfumaba en la ventanilla mientras Belinda Gaviria repetía la lista de sueños con los que embarcaba, determinada a metamorfosear su vida con la destreza de quien logra convertir el amargor del cacao en la voluptuosidad del chocolate. © EL ARQUITECTO ANTONIO LORENZO.  Con su manera plácida, su verbo erudito, sus ojos risueños y su humor sedoso Antonio Lorenzo ha sabido traspasar laberintos hasta convertir la umbría en luminarias, los páramos en arboleda y, tallo aquí poda allá, la memoria en jardín.© STEPHEN PARKER.  Stephen Parker aborrecía la rutina, ese magma viscoso que todo lo malatrapa con sus flácidos tentáculos, hasta que supo que cada lunes a las ocho en la puerta sur de la estación podía cruzarse con ella y atravesar su perfume avainillado. © ALEXIA DE BOTTEMBORG.  Ni la fatiga del día, ni la distracción de la tarde, ni el frío de la noche impiden a Alexia de Bottemborg convertirse sin quererlo en la propia Teresa Plà, la intrépida pastora, mientras engulle el relato preciso de sus andanzas guerrilleras. © SHEFFALIH NEHWAL.  Al confundirla con su gemela Shubhada en la cuna que compartían en Khadana, el azar ha traído a Sheffalih Nehwal a corretear lejos de la escasez, los gérmenes, la mugre y las alimañas en la Europa blanquecina de las desigualdades coloreadas. © REMEDIOS BADÍA.  Madre de cuatro soles, sanadora galvánica y cocinera sin par, Remedios Badía lleva bajo la sombra del toldo de su puesto ambulante de zapatos desde que la amamantaba su madre "la Sole" mientras pregonaba a todo pulmón la excelencia de sus cueros. © DANILO MARTINOVIC.  Como sus antepasados de la fiera Cattaro al cuidado de las naves venecianas, Danilo Martinovic recorre de madrugada las callejuelas de Kotor hasta el puerto para otra dura jornada de anclas, sirenas, fábulas de corsarios y trajín de pantalán. © PEPE SERÓN.  Porque sabe que nadie le creería, Pepe Serón sólo sale a la calle en días ventosos para disimular el eterno combate que le enfrenta a esa fuerza misteriosa e indomable que trata de atenazarle hasta el vasallaje con sus tentáculos invisibles. © SORAYA SANTIAGO.  Si no cogía el vuelo dos ocho cinco de Copa Airlines con destino a Ciudad de Panamá, Soraya Santiago sabía que le costaría explicar a su familia, y sobre todo a Jimmy, con quién había pasado estos días en el Victoria Plaza de Montevideo. © JACINTO BIRRÉS.  Sin sospechar siquiera de dónde ni por qué le vino, Jacinto Birrés se levantó un día con el don de dar forma a todo tipo de maderas al aproximar con tensión la palma de la mano derecha mientras se enajena entonando cantos que desconoce. ©
CARLOTA MIRABEL.  Cuando relate a sus hijos cada detalle de aquellos intensos días de mayo, Carlota Mirabel tratará de transmitirles que la verdadera revolución no es el vuelco radical de cada pilar de la sociedad sino ser capaz de pensar en la revolución.© RODRIGO SORÍN.  Cada día a las doce, Rodrigo Sorín se asoma al balcón de su estudio para ver cómo Aduna cruza la plaza con su melena rojiza, su porte celeste y su caminar undoso que retrata y multiplica con pinceladas que recorren el lienzo como caricias.© DANTE SANDRINI.  Al ver, la noche anterior, el nombre de Agnella en la pantalla del móvil, Dante Sandrini supo que los días de reflexión se habían consumido, que su decisión estaba tomada y que, de la cita de esta tarde, sólo uno, quizá ninguno, saldría indemne.© SARA BONAVENTURA.  Por el horizonte borroso, por la democracia trucada, por el dinero inaccesible, por la esperanza cercenada y porque ya era hora, para Sara Bonaventura la llama también prendió casi sin quererlo el decimoquinto día de mayo del año once.© DENIZ KERISCI.  Desde que se han marchado con su familia a Ankara en busca de más pan y más vida, las tardes, para Deniz Kerisci, se han vuelto sordas, lentas y mustias sin las contagiosas carcajadas de Asla y, sobre todo, sin la sonrisa incomparable de Kiraz.© CARLOS ALONSO BELLUSCIO.  Cuando Boca se enfrenta a River, Carlos Alonso Belluscio, como antes hicieron su padre y su abuelo, acude con emoción al mismo asiento ochenta y siete de la embravecida fila cuatro para gozar y retener un instante de vida que sabe irrepetible.© EL IMPOSTOR FRANZ WILMBERG.  Aún a riesgo de ser reconocido por otros agentes, el impostor Franz Wilmberg, que siempre goza del revoloteo y el murmullo que preceden el alzado del telón, prefiere la primera fila para poder oír el sudor y ver el aliento de los cómicos.© BELMA KUTLU.  A pesar de las palabras aterciopeladas de Osman, Belma Kutlu no puede consolarse de la traición de Nesrin Atalay que le prometió respeto y honor cada día desde que se conocieron, aquella primavera, en el banco azul del parque Gülhane.© DULCE SOLANA.  El gran obsequio que la vida ha dado a su tía Flor es que Dulce Solana, la niña que repartía los tebeos que le regalaba entre sus compañeros que no tenían tanta suerte, se haya convertido en una joven cultivada, responsable y quincemayera.© ATAULFO CINTRA.  El ingeniero Ataulfo Cintra, jefe de la división de cajeros de la CTT, pasó una mañana de sus merecidas vacaciones porfiando con una máquina tan simple pero tan terca que se interponía entre su determinación por leer la prensa y el kiosko.©
AMANDA GAL.  Los domingos de verano, mientras todos sucumben al letargo de la siesta, Amanda Gal se refugia en la estancia azul que un halo de luz cruza hasta el espejo y, al abrigo del ruido y del mundo, recuerda sin nostalgia cada episodio de infancia.© ALEXIA DE BOTTEMBORG.  Con el propósito de zanjar para siempre la disputa sobre los archivos de la Herrenhaus que dispensarían títulos, aún de poca nobleza, a la estirpe Wittelsbach, Alexia de Bottemborg alía con astucia pasado y presente, temple y fuerza, sombra y luz. © LISANDRO MOL DE LA ALTAGRACIA.  Desde la enigmática desaparición de don Fidencio, que algunos relacionan con su sordera profunda, nadie acude a la tertulia que Lisandro Mol de la Altagracia organiza para conversar sobre la aportación de los Mol a la caza del chupón de moño. © CONRADO BUSTRAVIEJO.  Desde que se percató del entusiasmo que suscitan entre los parroquianos, Conrado Bustarviejo troca cada otoño el estruendo de la chatarrería por la paz de la boca del mercadillo donde las horcas bien trenzadas de ajos frescos se venden solas. © ALICIA MACÍA.  Antes de que el anochecer lo enturbie todo, Alicia Macía recorre todas las callejuelas de la villa para cerciorarse de que ninguna puerta quede tan cerrada que impida el tránsito de las ánimas, el rumor de los sueños o la pasión de los amantes. © LENA SERVAIN.  Desde que regenta su propio puesto en el mercado de Binic, Lena Servain, valiéndose de mil tretas, se ha dado el gusto de no vender ni una prenda a la arisca Gaid, la frutera que no le fió cuando sus días eran tan largos y su despensa tan corta. © ELWYNA PERREC.  No me ha reconocido, pensó Elwyna Perrec, pero ese caballero ahora cano y algo ajado fue un día el hermoso Brieg, el gamberro que mejor fumaba, el intrépido que mejor montaba en bicicleta y, sobre todo, el tunante que mejor besaba de todo Pordic. © AESA KERBRAT.  Fue siendo niña, mientras presenciaba junto a su abuelo Alouarn una de las inacabables misas del exaltado padre Yann, cuando Aesa Kerbrat resolvió apartarse de la cerrazón y entregarse a la luz, la rebeldía y la universalidad de ser bretona. © GWENDAL BEREST.  Desde que la brigada de aduanas de Saint-Brieuc, pistola en mano, irrumpió en su palacete acristalado, es al fresco del aire marino que Gwendal Berest mantiene el ir y venir de su imperio de lanchas y fardos al abrigo de fielatos y perceptores. © LOÏC LE MAYER.  En las horas de marea baja, Loïc Le Mayer va y viene por la orilla del puerto de Erquy impaciente, cautivo y escorado como su Attila que, con la quilla varada pero ávido de balanceo, espera que regrese la luna con sus prodigios de aguas y peces. ©
NADINE Y STÉPHANE LECLER.  Como hacían sus antepasados en calesa, apenas asoman los sutiles calores en Saint-Malo Nadine y Stéphane Lecler cabalgan su incombustible Citroën para alejarse de su buhardilla de intramuros y del ágil tañido de las campanas de Saint-Vincent. © IRINA LEBEDEVA.  Allá donde se estrena, Irina Lebedeva acude para volver a palpitar con la trágica historia de Katerina Izmáilova, la Lady Macbeth que fascinó a Shostakovich y de la que, según dicen en Mtsensk, ha heredado el carácter recio y el perfil aristado. ©