MARIA NUNES.  Bien porque nació en el puesto de pan de sus padres cuando aún tronaban los obuses de la gran guerra, bien porque recuerda más cuentos sobre clientes y tenderos que sus propias paredes, Maria Nunes es, para todos, la reina del Mercado do Bolhao. © AFONSO CARVALHO.  “La suerte nos esculpe a su capricho pues yo no era menos que el mestizo del Perú” masculla sin cesar Afonso Carvalho desde que aquella fractura contra el Benfica segó su centrocampismo de orfebre y abrió el Estádio das Antas al Nene Cubillas. © PAULO RUAS.  Nada habría retenido en Matosinhos a Paulo Ruas, lejos de la Universidad que le aguardaba, de las ciencias que le hechizaban y del mundo por transitar, salvo la cercanía, la voz sedosa y el temple perfumado de Eloisa la bella hija del tabernero. © GIL CRUZ y RUI TAVARES.  Desde la portada del Jornal de Notícias en la que encumbraban la belleza de los muros y las gentes de las ilhas do Porto los arquitectos Gil Cruz y Rui Tavares son tratados como héroes, como astros del rock, más aún, como galanes de telenovela. © SIMAO PEREIRA.  Había desaparecido de las cálidas tardes y los juegos infinitos de la Praça da Alegria hasta que Simão Pereira descubrió con alivio que la bellísima Amalia trabajaba de aprendiz en la panadería que, desde entonces, no ha dejado de frecuentar. © ANITA FERREIRA.  Los matices adornados de su prodigiosa voz no lograron alejar a la pequeña Anita Ferreira del Mercado do Bolhao, de las manos ajadas y de ese olor a tierra húmeda tan oscuro y pertinaz que atenaza hasta acallar los fados y sofocar los sueños. © BRANCA SIMOES.  De lunes a sábado, con el horario que tenía su Joao hasta que se esfumó con la cajera, Branca Simoes se acomoda en el escalón de acceso a la Drogaria Moura y masculla palabras de amor sin que nadie se aventure con consuelos, burlas o reproches. © VITOR SOARES.  Cada cinco de marzo, Vitor Soares regresa a Sao Bento para recordar cómo el traqueteo de aquel tren le trajo desde Corvos y cómo, al penetrar con recelo en la gélida bruma que inmovilizaba Oporto, dejaba atrás el calor del sur y de la infancia. © ELISEU ALVES.  Fue al ver “Douro faina fluvial” que el atildado Eliseu Alves decidió que su vida seria cine y que, hasta que llegara su oportunidad, cualquier empleo era soportable si le mantenia en el universo portuense que inspiro al gran Manoel de Oliveira. © JOAO SIMOES.  Tal fue el embeleso, que el gran Joao Simoes cuenta con emoción cómo aquel día de mayo del ochenta y tres resolvió ser compositor mientras, desde una butaca del Coliseu do Porto, asistía al que sería el último concierto del llorado Zeca Afonso. ©
NEVES MACEDO.  Nunca regresó y, sin embargo, la última vez que Neves Macedo le vio se despidieron en esa misma acera con un abrazo promisorio que, cuando los cuerpos al fin se desacoplaron, entrelazó sus cerebros como si se hubiesen tejido con una misma hebra. © BERNARDO SOUSA.  Por fin llegó la temida carta del Ministério da Saúde que, enumerados los disfavores y esgrimida la ley como el filo de un estilete, determinó que Bernardo Sousa ya no saldría ni de la quemazón del sonrojo, ni de la gelidez de la insuficiencia. © BENTO DA SILVA.  Como le hizo prometer su abuelo el doctor Bastiao del que todos en Oporto han oído contar alguna leyenda notable, Bento da Silva no ha dejado nunca de atender a las familias más pobres en su clínica para acaudalados de la avenida da Boavista. © CÉSARO GONÇALVES.  Instalado frente a la vieja sombrerería en la que se conocieron cuando era mozo en el Grande Hotel do Porto, Césaro Gonçalves espía el escaparate para ver cómo el rostro de su Mariazinha, cuando aparece entre bonetes y tocados, lo ilumina todo. © AMANDO MARQUES.  Tras cuarenta años atendiendo con desvelo a turistas y entendidos en Sandeman, Amando Marques alquiló el apartamento adosado a las bodegas para poder escrutar desde su balcón el rostro de los clientes, ahora en manos de su inexperto sustituto. © INÁCIO VIEGAS.  Todas las súplicas de Inês para que habitaran el luminoso piso de la rua Santa Catarina no bastaron para que Inácio Viegas renunciara a su Vila Nova de Gaia desde la que disfruta de una vista más hermosa de Oporto que los propios Portuenses. © ADAO VIERO.  Antes de tomar la decisión que, tanto si fracasaba como si les encumbraba, trastocaría el rumbo de su restaurante de la Rua da Lada, Adao Viero pidió al entusiasta Flávio que le contara una vez más su descabellada visión de la "carta de antojos". © JOAO CASTELAO.  Consciente de las dramáticas horas que todos vivían, el entonces joven capitán Joao Castelao se alzó aquel veinticinco de abril sobre la muchedumbre entusiasta y, desde esa misma terraza del café Java, le hablo de revolución de paz y de futuro. © ASSUNÇAO MOREIRA.  Ni siquiera las todopoderosas bodegas, con sus ofertas millonarias, han logrado que Assunçao Moreira abandone su modesto comercio de panes y licores desde el que goza desde niña de la mejor vista sobre el agitado y majestuoso perfil de Oporto. © RUI ABRANTES.  Puesto que ni el público más audaz de los clubs de la Costa Este digería su enrevesada concepción del jazz, Rui Abrantes ha regresado a su Oporto para trompetear éxitos de siempre a cambio de unas monedas y comprensión por Praça da Liberdade. ©
ALEXIA DE BOTTEMBORG.  Fue porque supo de sus vínculos con los Duques de Viseu mientras emulaba a toda costa los intrépidos descubridores lusos que la capitana Alexia de Bottemborg puso su velero rumbo a Matozinhos tras los pasos del rey Manuel I O Bem-Aventurado. ©