SEDAT OCAKDEN.  Sedat Ocakden presume con orgullo entre sus colegas y los clientes de que su familia limpia zapatos, botas y botines en los mejores puestos de las mayores plazas desde antes de que rodara el primer automóvil en la siempre bulliciosa Estambul. © TARKAN BULUC.  Cuando Tarkan Buluc heredó de su tío Yusuf la pensión Zonguldak de Kadiköy de cuatro habitaciones con vistas al bósforo se alegró de inmediato por los beneficios pero tardó un tiempo en reparar en las servidumbres.© CELELATTIN UZAN.  Para atraer a los viajeros y despacharles los helados que le permiten enlazar un mes con otro sin desasosiego, Celelattin Uzan, por las tardes, sustituye el traje, la corbata y sus trazas de cajero en el Türkiye Is Bankasi por algo más colorido.© ELIF GÜR. La tímida profesora de literatura Elif Gür asombró a todos con su novela « mi cielo abierto » que publicó con el seudónimo Pat Shelman para no atraer la atención de la crítica y de sus compañeros de claustro del Kabatas Erkek Lisesi.© ZERDAMI SOYSAL.  Pasadas las ocho de la tarde y alarmadas porque Zerdami Soysal no contestara sus llamadas, Belma y Umay acudieron a su habitación de la Pensión Omar sin sospechar que no despertaría nunca más de la desenfrenada noche anterior.© CEVAT SUNAY.  Cevat Sunay estuvo muchos minutos conteniendo la respiración encorvado sobre un taburete detrás de la cortina, rezando para que aquellos camorristas, con las prisas, no advirtieran su presencia en el fugaz repaso que hacían de cada habitación.© MUSTAFA GÜNAL.  Desde que su abuelo Tahir le subió al Monte Honaz para mostrarle cómo el amanecer se hace mundo, Mustafa Günal siente el impulso de encaramarse a árboles, edificios, puentes, torres, elevarse, enfin, sobre todo lo que evoca aquel momento mágico.© AYSEL AKMAN Y RAKAN KAVUNCU.  Aysel Akman y Rakan Kavuncu no regresan nunca a su lujoso apartamento de las lomas altas de Kadiköy sin pasar a comprar alguna pieza fresca en el puesto del frutero Kemal que toman contemplando el trajín luminoso del mar de mármara.© SEMIH AKIN.  Todos, de los más antiguos y severos a los jóvenes y agitados comerciantes del bazar egipcio, sienten tanto afecto y respecto por el viejo Semih Akin como éste prodiga, siempre frente a la puerta Beyazit, a sus inseparables sanguijuelas.© AZIMET ENGIN.  Desde que descubrió que era el modo más eficaz de atraparlas, Azimet Engin anda por Atmeydani medio regalando panes para citar a las turistas más entusiastas y brindarles, al caer la tarde, su tórrida y lucrativa versión de la pasión turca.©
EL IMPOSTOR LUCIANO BOCARELLA.  En su huida de la sofocante persecución del capitán Hamdi de la comisaría de Beyazit que le ha empujado a recorrer, jadeante, Estambul de punta a punta, el impostor Luciano Bocarella se refugia in extremis en el mirador de la torre Gálata.© ADNAN KISLALI.  Prepara con tanto amor y dedicación los dulces al limón de los que su abuelo Ertan le reveló el secreto que Adnan Kislali sufre al saber que su arte, como cada día y sin remedio, se esfumará en horas del escaparate de la pastelería familiar.© BÜLLENT UZAN.  Su padre inició la reconquista, pero fue Büllent Uzan el primero en desterrar los perritos calientes de los puestos de comida y es ahora el indiscutido número uno de todos los vendedores de bocados de pepino fresco de Sultan Ahmed Parki.© HASRET INÖNÜ.  Cuando sus compañeras del consulado, recién llegadas a Estambul, le compadecen por afrontar el peso de la tradición, Hasret Inönü les recuerda que también ellas, tan chics y modernas, conviven con los tics misóginos y los piropos lacerantes.© ZEKI AÇIKGÖZ.  Porque le permitiría devorar libros con pocas interrupciones, Zeki Açikgöz, antiguo marinero, poeta reservado y soñador fecundo, prefirió vender mazorcas en la calle a la seguridad de trabajar en la oficina de patentes de su cuñado Yunus.© IRMAK Y GIZEM BOSTANCI.  Los días sin colegio, Irmak y Gizem Bostanci bajan desde las callejuelas de Suleymaniye hasta los aledaños de Atatürk boulevard a limosnear sorteando los vaivenes del tráfico, ajenos a las miradas y el ruido sordo de las palabras gruesas.© AYSEL KAHVECI.  Aún en las noches más cerradas de Kadiköy, donde comienza el oriente de los viajes y las fábulas, la floristería de Aysel Kahveci, en el camino de ankara, es un faro irisado de fragancias para los amores vehementes y los lutos melancólicos.© FARUK AYTEKIN.  Aunque nació y pasó su infancia en Neuallschwil, junto a Basilea, Faruk Aytekin, transportado por los encendidos relatos de su abuelo Feridun, siempre soñó con regresar a la madre patria y montar un puesto de comida en una calle del centro.©