MARÍA GONZAGA.  Aunque los parroquianos de los night clubs de Santa Mónica y Redondo Beach la conocen como Brooke Malone, la de la voz que atrapa y la grupa que engulle, María Gonzaga, apenas amanece, vuelve a ser la reservada cajera del Albertsons de Torrance.© EL IMPOSTOR JAMES SIMMONS.  Aunque le costaría reconocerlo, fue por azar que el impostor James Simmons averiguó que todos los planos y cálculos se guardaban esparcidos entre los relucientes zarrios del viejo almacén que la siniestra compañía había convertido en museo.© ADICCIÓN NARCO-IRIS.  Los viajes cercanos o remotos, breves o dilatados, plácidos o azarosos ayudan a comprender que la vida es un camino multicolor, una hilera de sabores, una ristra de aromas encadenados, un collar de recuerdos imborrables, una adicción narco-iris.© AUDREY LOCKWOOD.  Audrey Lockwood describe a Gina la secuencia de adulterio, acusación, pruebas y desenlace de su divorcio con el acaudalado Butch que ha planificado hasta el menor detalle desde antes de su compromiso. © ALBERTA BRAHMS.  Fue por dignidad que Alberta Brahms se mantuvo hasta el final de agosto en su puesto del Swing Food de Geary street cuando ya sabía que en septiembre ingresaría por fin como doctora en la unidad de neonatos del St Francis Memorial Hospital.© ANGELA SPRING.  Angela Spring, después de su sonora ruptura con el carismático Glenn, se ha trasladado al extremo de Third street promenade con sus vestidos preferidos, su colección de zapatos Steve Madden y su inseparable ron.© ANGELINA SWATCH.  Angelina Swatch, desde que se topara con el hermoso y anárquico Frank en la cafetería de la Greyhound Terminal de San Diego, no ha vuelto a quebrarse de soledad, ni a vagar sola por las callejuelas de la vieja Santa Mónica.© APOLLON LAWRENCE.  Al leer la nota cogida en el marco de su puerta, Apollon Lawrence Jr. se sobresaltó y salió disparado hacia el taller de Mike para recoger su Mustang GT Fastback Special Edition del sesenta y seis, poco conforme con el montante la factura.© AMBIGUS POTTER.  Ambigus Potter, hermafrodita vocacional, ha logrado con alborozo que ni sus compañeros de The Art Institue de Henderson, ni la veintena de camaradas callejeros de la playa de Santa Mónica averigüen su sexo.© BEN KERRY.  Sin importarle el madrugón del día siguiente Ben Kerry se encarama con el corazón jubiloso en el último cable car que le subirá de regreso a casa, en la parte alta, después de su primera cita con la risueña, frágil, inalcanzable Jenny.©
EL IMPOSTOR FRANZ WILMBERG.  Aún teniendo a su alcance la teletransportación, el impostor Franz Wilmberg prefiere la invisiblidad, ese gozo inigualable de espiar, sobrevolar laberintos, franquear parajes sombríos, dominar incluso el crujir sordo de las alfombras holladas. © WYNTON CARTER.  Aunque iban al mismo colegio, a dos pasos de Garfield boulevard, y ambos eran forofos incontenibles de los Cubs, a pesar incluso de que le superaba en notas y modales, Wynton Carter malparó en la esquina norte del concurrido almacén de Renzo.© WILLY FISCHER.  Ninguno de sus compinches de los Scalps, aquellos airados cachorros de los Vice Lords, hubiese podido presagiar que Willy Fischer, el más arrebatado de todos, cambiaría pertrechos y alaridos por las aguas plácidas de la fe y la compasión.© ROSSY RIVERA.  En cuanto dobla la esquina del salón donde aplica con revoloteo de esencias y sitares masajes ayurvédicos a señoras de Serrano y contiguas, Rossy Rivera se enchufa el Delight and Angers de los In Flames para relajarse de regreso a casa.© LEONID KINSKEY.  Aunque hace dos años que recibió la carta de jubilación de manos del propio Dolph Stengel, mánager de los Dodgers, Leonid Kinskey, quizá el entrenador de cadetes más famoso de las grandes ligas, acude cada día al estadio por si acaso.© EL IMPOSTOR FRANZ WILMBERG.  Antes de alcanzar Bryant Street, el impostor Franz Wilmberg ya intuía que esta misión en San Francisco exigiría añadir espiritualidad a su pericia si quería penetrar la calina del enigma californiano para tornarla verdad y transparencia.© CINDY LEROY.  Cuando no le queda más remedio que acompañar a su mamá a acicalar el exclusivo Q de Beverly Hills, Cindy Leroy no puede evitar quedarse hechizada por las mansiones del otro lado de la verja, del otro lado de la calle, del otro lado de la vida.© CHARLIE WAKEFIELD.  Harto de no dar con los aparejos con los que maquinar su vida, Charlie Wakefield se largó de Norfolk a Venice para, de espaldas a su familia y a la Muscle Beach, montar un tenderete de todo y nada en el que poder instalar su taller de sueños.© LOUISE KARPIN.  Incluso descansando entre dos firmas, Louise Karpin, la agente más exitosa de Sausalito, propaga el eslogan de su pequeña compañía que augura una vida mejor a los que contraten una poliza de K&W Insurance, hagan ejercicio y coman muchos yogures.© OSVALDO RINCÓN.  Cuando mengua la claridad sobre el pier treinta y nueva y afloja el ritmo frenético en el horno, Osvaldo Rincón espera que aparezca la generosa silueta de Adelaida traspasando el reflejo del cristal, anunciando el final de otra dura jornada.©
SHARON BRYANT.  Tanto si, extenuada por su contienda sin fin, rompía con Tony como si le daba, sin fe, una última ocasión, Sharon Bryant se había jurado tomar la decisión en el denso cosmos sin firmamento que separa Penn Station de la ciento cuarenta y cinco.© ANGELA CLAIRE PILFORD.  Angela Claire Pilford, la joven promesa del jazz de la costa oeste, ha pasado de cantar de miércoles a domingo en el Yoshi Jazz Club de Yuba City a invitada en el Dizzy´s de San Diego y a estrella solista en el San Francisco Jazz Festival.© Anthony Sancho no ha cambiado ni de barrio ni de amigos ni de hábitos a pesar de hacer fortuna paco cuenca paco cuenca paco-cuenca CATHERINE ROBSON.  Al despedirse de Mike en el aeropuerto, Catherine Robson no sospechaba que, a los pocos días, le abandonaría trocando su cómoda vida en Seattle por una siniestra buhardilla en Tiyatro Caddesi y los apasionados abrazos de Besir Toprak.© BRANDI MADDEN.  Era mayo en Brooklyn y, como los demás de su clase, Brandi Madden entró con fastidio en el BAM sin sospechar que Pina Bausch y su Tanzthearter iban a detonar en su cabeza para hacerla otra, danza, emoción suspendida para siempre en el aire. © NING WEI.  El penthouse destartalado del ochenta y cinco de Walker street no anunciaba una vida de comodidades pero, apenas pisó New York, a Ning Wei le bastó respirar al fin el mismo aire de las andanzas que le contaba su tío Liu para sentirse dichosa. © MATTHEW CASH.  Quizá, pensaba Matthew Cash mientras recorría el Village sin rumbo, la invitación de Will Wilson para que se uniera a su cuarteto era la reparación por toda una vida atrapado entre la inmensidad de la inspiración y la estrechez del pentagrama. © MELISSA SHEPPARD.
  Durante el infinito minuto que pasa cada día en el vértice de Perry Street con la séptima, Melissa Sheppard se abandona hasta perder la mirada entre las hileras de coches, de inmuebles y de vidas que se deslíen para ser labrantía y horizonte. © BEN MARSHALL.  En cuanto su interlocutora se identificó como secretaria del gran Rob Ashford, Ben Marshall presintió que podría dejar atrás la mugre de los cabarets subterráneos para aupar las glissades de su talento hasta las elevadas tablas de Broadway. © AMY HORTON.  Cuando dio la última puntada al vestuario y colgó las undosas telas con las que resolvía la escenografía, Amy Horton se lanzó confiada por los aledaños de Broadway a la caza de lo único que le separaba aún de la gloria, espectadores. ©
MATTHEW REESE.  Cada noche, después de cerrar la librería del señor Graves, Matthew Reese baja al andén de Parkchester para revivir el hechizante minuto en el que la hermosa y por siempre irreemplazable Sharon bajará del vagón para perderse entre la multitud. ©