DENIA ROJAS.  Si la bella figura que asoma al final de la calle Obispo tampoco es la de Alexis, Denia Rojas, lo presiente, acabará por admitir que el desaliento es un puñal que ni siquiera la armadura de la juventud, tan frágil y efímera, es capaz de contener. © RAFAÉL CÁRDENAS.  Ni los torbellinos del bayamo cuando acuchillaban los caminos, ni las ráfagas del enemigo en las laderas minadas disuadían a Rafael Cárdenas de serpentear a oscuras hasta el caserío para refugiarse en la sonrisa arrulladora de la bella Elisa. © YADELKIS RODRÍGUEZ.  Cuando papá regresa a tiempo de Sandino para unirse a la partida de la tarde, Yadelkis Rodríguez se encarama entre sus brazos de coloso para, ajena al chasquido de las fichas y la pericia de los rivales, flotar como los pétalos de una mariposa. © ADEL GODOY.  Ante todos, firme y entusiasta, el joven Adel Godoy se comprometió una noche del cincuenta y ocho a que las páginas de Revolución, ocultas bajo los carruajes, embutidas entre fardos o enrolladas como tallos de caña, llegarían hasta los campesinos. © YANET GUZMÁN.  Por oleadas, con sus embates violentos o como el vuelo undoso de la seda, van y vienen los recuerdos de las tardes alegres, cuando, para llevarse a Yanet Guzmán a bailar, Pedro se plantaba frente a la reja que ni le protegía ni le podía contener. © AURELIO SANTOS.  En plano, entre dos lienzos cubiertos con cuero recio de zahones, Aurelio Santos conserva al abrigo de archiveros y manilargos la vehemente carta que todos nombran pero nadie ha visto que el general Maceo recibió de su aguerrida madre Mariana. © VILMA TOLÓN.  El bullicio se aquieta en Las Tunas al paso de Vilma Tolón, descendiente de Yaima la hija del indio Jibacoa que embelesó a un oficial español, capaz hacer tronar el cielo, temblar la tierra y apresar las almas para dejarlas suspensas, sin rumbo. © CAMILO ALVARADO.  Se sentía con coraje para unirse a la lucha clandestina, pero lo que empujó al fin a Camilo Alvarado a afiliarse fue saber que en la Confederación de Trabajadores ya no debería apartarse de los labios escarlata de Mariela, la bella insurrecta. © ÁNGEL PINO.  Qué lejanas están las tardes de asueto a orillas del Elba con los camaradas de la Universidad Humboldt de Berlín que el informático Ángel Pino, para que no se desvanezcan, cuenta con pesar pero regocijo como corresponde a las historias bellas. © MARINO ZAYAS.  Aunque nunca pasó de soldado raso, en Trinidad todos llaman capitán a Marino Zayas porque haber combatido junto a Camilo Cienfuegos en la batalla de Yaguajay elevó su graduación, amplificó su gloria, incluso estiró la envergadura de su estampa.©
LÁZARA ESPÍN.  Hasta que la falta de recambios condenó los buques al desguace, Lázara Espín, la primera mujer oficial de máquinas de la flota atunera de Cuba, propulsaba con más pericia que diesel sus navíos y su vida contra olas anchas y mentes estrechas.© SUSANA MURILLO.  Fue desde su trono de dama, al paso de la carroza carnavalera por Colón, que Susana Murillo reparó en Marino Zayas, al que todas en Trinidad llamaban el capitán, más por su porte de figurín y sus lisonjas atrevidas que por sus hazañas guerreras. © REINALDO ACOSTA.  Si en todo un año ni siquiera le había dirigido la palabra, cómo iba a tener Reinaldo Acosta la certeza de que cuando Tamara, la niña más bonita y alegre de Trinidad, se demoraba con sus amigas frente al horno de pan era para estar cerca de él.© YANET BARROYO.  Al bajar del autobús que la devolvía a Camagüey como doctora de familia, Yanet Borrayo encontró una dichosa multitud que no había olvidado a la niña risueña que, incansable, alborotaba con sus juegos y sus muecas todos los portales de Quiñones.© ALEXIA DE BOTTEMBORG.  La luz arrebolada de poniente se atenuó y el jubiloso trajín que hormigueaba por toda la calle Obispo parecía detenerse al paso de Alexia de Bottemborg, cuando caminó desde el Malecón hasta una velada de sones guaracheros en la Lluvia de oro. © IDANIA ABELEDO.  Apenas la vio asomar por la calle Colón, Pedro ajustó el paso al de Idania Abeledo que, sin que entre ellos hubiesen mediado promesas y con el solo impulso de la fascinación, le alcanzó hasta tomar su mano en silencio para no volver a soltarla. © RAFAEL ALARCÓN.  No tenía la elocuencia de Julio ni el aplomo de Carlos empuñando un arma, pero el joven Rafael Alarcón intuyó pronto que él también, aliviando con tela, agujas y guata el descanso de sus convecinos de Ciego de Ávila, podía ser un revolucionario. © SAMUEL ABUÍN.  Por mucho que ordene a voces el ingeniero Delegado de Agricultura, quien quiere vender una sola libra de yuca, papa o malanga en Ciego de Ávila debe acudir a Samuel Abuín, el que más sabe de la modestia de las viandas y la vastedad del menudeo. © ERNESTO BORRAYO.  Apenas penetró en el majestuoso hall del Hotel Nacional, el joven y reservado mozo Ernesto Borrayo supo que no estaba destinado a acarrear maletones sino a encaramarse hasta el cielo para redoblar el centelleo estelar de lágrimas diamantinas. © IDALYS SOTO.  El primer año resultó amargo, tan lejos de La Jagua, de sus frondosos guayabales y de la diminuta granja familiar, pero, con el paso del tiempo, Idalys Soto ya no concibe su vida sin codearse con las celebridades que frecuentan el Hotel Nacional. ©
NIDIA ROBLE.  Los días de fiesta, mientras la vestía como a una muñeca para pasear por la calle Obispo, Nidia Roble oía como su mamá, al verla tan guapa, le repetía “no creas a quien te adule, la fortaleza de la esencia no está en la delicadeza de la envoltura”. © PABLO FREIRE.  Con los años, Pablo Freire, al que todos llaman Mister, ha acortado sus frases hasta dejarlas pulidas, esenciales, y sus pasos, para ir solo de la plaza de Armas al Ambos Mundos, y sus gestos, como si quisiera fijar con la muerte su hermana la vida. © LIZ ARANGA.  Lo que recuerda Liz Aranga del quinto curso es que, al cruzar su mirada con el hipnótico Joel, ambos quedaron paralizados, aturdidos, ajenos al alboroto uniformado del resto de niños que intentaban sortear el desasosiego del primer día de clase. © LUCIO AMADOR.  La llamada a filas seccionó, como al tallo de una flor que aún no ha desplegado su belleza, la gloria que, por efímera que fuera, Lucio Amador atesora en sus zapatos relucientes, esos con los que salpicaba de claqué la noche del Cabaret Parisién. © YAIMA BELMONTE.  Ni sus vecinos, ni sus hermanos, ni siquiera Pedro su bello fontanero sospechan que Yaima Belmonte es la sagaz, divertida y mordaz creadora de Zunzuncito el misterioso blog desde el que comparte lisonjas como flores y cavilaciones como espinas. © ROSANA MÍNGUEZ.  Del desmedido ardor de la mocedad de Rosana Mínguez “la gata” no solo quedó una montonera de señores y criados desgarrados por sus zarpazos felinos, sino también, pocos lo saben, una sutil variante del three way stop que embelesó la salsa cubana. © MANUEL CRUZ.  Al año de iniciarse en la compraventa de bicicletas, Manuel Cruz ya había aprendido que no da lo mismo hoy que mañana, que seguir no es progresar y que, si se salpimentan con imaginación, dos veces cincuenta centavos pueden ser más que un dólar. ©